Mil millones de segundos
se acercan a mis puertas
y pienso en la cantidad de oportunidades
que ellos trajeron.
Un tercio se esfuma mientras dormimos,
entonces una persona con 31 años y 8 meses y algunos días
ya habrá tenido 666,666,666 putas oportunidades
para, al menos, seguir haciendo lo que estamos haciendo
o para hacer algo diferente
(para pensar o para actuar).
Seiscientos sesenta y seis millones, seiscientos sesenta y seis mil, seiscientos sesenta y seis.
666,666,666 oportunidades,
para hacer una de dos cosas
que nadie niega que podemos hacer.
Solo así, cada uno está viviendo solo una posibilidad de una infinidad de diferentes vidas,
que comparten este mismo inicio.
Pero no es una de esas dos opciones,
son muchas más:
Puedo escribir la próxima palabra
o cerrar el cuaderno
o dibujar
o leer algo pendiente
o solo pensar
o escribirle a mi madre
o a mi hermano
o a la mujer que me gusta
o a mis amigos
o contestar un correo
o salir a caminar
o contemplar el cielo nublado…
Si con solo 2 opciones simples no hay manera de calcular el resultado de semejante número,
no existe suficiente tiempo para enumerarlos si son 5 o 6 opciones,
hay más escenarios que todos los átomos de este universo y de todos los universos que puedan existir.
¿Qué tan poco tenía que hacer diferente
teniendo un mes, un año, 8 años, 15, 23 o 28
para ser una persona tan drásticamente diferente,
irreconocible para mí y para mis amados?
Trillones y trillones de personas diferentes,
todas nacidas el 7 de agosto de 1990 a las 10:15
en una clínica en Porlamar,
hijos de mis padres,
variantes de mí,
algunas casi iguales,
algunas tan diferentes,
pero con toda la autoridad del mundo garantizo
que ninguno sería yo,
y that has made all the difference,
y que alegría estar hoy donde estoy.