Pasión repentina,
por tu culpa me encuentro dudando de mi cordura,
me convenzo de tomar todo con calma
que al fin y al cabo,
después de tantos años,
es lo único que sé,
con certeza plena,
que funciona,
sin ninguna duda,
pero me avasalla tu pasión
y no encuentro salida
aparte de rendirme a las notas
que daba por perdidas,
a estas notas que nunca han endulzado
a mis oídos,
pero me lleno de miedo
un miedo que no he sentido en muchas vidas
– y dizque lo peor que puede pasar
es que lo que nunca era tuyo
salga de tu camino –
pero me da miedo
porque ¿qué iré a hacer con mi vida
si desaparece tan rápido como llegó?
Seguramente sobreviviría,
siempre lo hago,
que aunque los dolores del corazón
solo saben a muerte,
nunca te matan.
Seguramente sobreviviría
pero siento que sería
como sobreviven los veteranos
que vuelven incompletos para siempre,
aturdidos por lo que les pasó,
incluso si no había cómo evitarlo,
marcados para siempre,
pero ese miedo,
yo lo avasallo,
como lo hace tu pasión con mi cordura,
cuando asoma su cabeza ese miedo,
me digo:
viva el momento,
entrégate a la vida,
sin tapujos,
que aquí hay algo digno de ser vivido,
que aquí hay una historia para los nietos,
sean los nuestros o de cada uno por separado
y aunque le pedí a San Judas Tadeo
en una visita a una iglesia
que se me apareció en el camino,
que esta historia
tenga el resultado deseado,
igual le digo a este miedo
que hay que vivir esta historia
hasta que se agoten las páginas.